Importante

NO voy a enviar más libros a correos electrónicos, así que, por favor, dejad de pedirlos. Podéis encontrarlos todos en la biblioteca.
Gracias

"Sage", ella dijo suavemente. "No existe la normalidad. No existe una definición de lo normal. Lo normal es subjetivo. Tú no puedes –y no deberías– obligarte a ti mismo a querer algo normal y a dejar de querer lo que realmente deseas. Es una forma segura de hacer tu vida miserable".

Chico Heterosexual de Alessandra Hazard

jueves, 22 de agosto de 2013

Verano de risa Chat:Estúpidos y Sensuales en Las Vegas “Fiesta de despedida”

 
Caminamos en silencio hacia la Suite en la que duermen Cipriano, Black y Lightwood. 
Cipriano se detuvo, mirando la puerta adelante, y aunque él duerme aquí, me da la impresión de que está preocupado.



— ¿Qué va mal, Muchacho?



—Jace me da escalofríos. Cada que estoy a solas con él empieza a hablar empalagosamente bien de sí mismo.



Lightwood, concuerdo con Maddox en que alguien debería de bajar a ese Rubio del pony.  



—Bueno, entraré contigo. Si él se atreve a volver a hacerlo lo esposaré y le daré un par de latigazos, ¿De acuerdo?



Patch sonrió y me dio un amable puñetazo en el hombro. —Gracias, Grey.



No sé por qué razón empezamos a llevarnos bien el angelito y yo. Quizá porque su chica se apellida “Grey”. Eso aún nos hace reír. Nos acercamos más a la puerta, y Cipriano tomó una profunda respiración antes de tocar. Esperamos, pero nadie abrió.



—Supongo que no hay nadie. —dije. Es nuestra última noche en Las Vegas, lo más seguro es que todos hayan ido por ahí a saturar mis tarjetas de crédito. Pendejos.



—Lo dudo. —golpeó la puerta de madera con el costado de su puño y la abrió.



— ¡GRACIAS, GREY! —gritó la multitud desde adentro.



El techo estaba lleno con burbujas rosas y negras, cada centímetro estaba cubierto con globos de helio, con largas cadenas plateadas colgadas hasta llegar a las caras de los invitados. La multitud se separó, y Maddox se acercó a mí con una amplia sonrisa, y tocando cada lado de mi rostro me dio un cabezazo. Me tambaleé unos segundos, será mejor que se vaya quitando ese jodida costumbre de saludarme como un salvaje.



—Gracias, Grey. Quise organizarte ésta fiesta para agradecerte correr con todos los gastos de nuestro viaje.



—Tú me obligaste. —dije. Aún en shock, tratando de sonreírle a todo el mundo porque tampoco soy un mal educado. Maddox se encogió de hombros. —Bueno, ya que, la verdad queríamos otro pretexto para celebrar.



—Y la verdad os hará libres. —dije mientras Eaton me abrazaba.



—Gracias, Grey. —dijo, y me advirtió que más tarde me lanzaría cuchillos. Supongo que es su forma de agradar a alguien.



Y luego Black me dio un codazo. — ¡Qué bueno que tuviste que hacer algunas diligencias de negocios hoy, o te hubieras presentado a la fiesta como un fodongo!



Él tiene razón. A diferencia de ellos, que son unos vagos, yo aproveché éste viaje para concretar algunos negocios.



—Te ves tan estúpido cada vez que usas traje y corbata, Grey. —dijo Maddox, escaneando mi vestimenta.



Lightwood también me abrazó. —Espero que sepas que Cipriano me dijo que tú le das escalofríos. —le conté.



—Me han dicho cosas peores. “Rubio teñido”, por ejemplo.



Miré a Cipriano y él rió.



Una vez que todos se turnaron para abrazarme, codearme, darme puñetazos en el hombro y decirme gracias, me incliné hacia el oído de Cipriano. — ¿Invitaron a Anastasia?



—Llamará más tarde —susurró—. Daemon no pudo avisarle a tiempo, así que llamará en lugar de viajar.



Black subió el volumen de la música y todo el mundo grito.



—¡Ven aquí, Grey! —dijo, abriéndonos paso hacia la cocina. Él alineó varios caballitos en el mostrador y sacó una botella de tequila del bar—. Estamos muy agradecidos contigo, Sumiso —sonrió, llenando cada vaso—. De esta manera celebraremos: Estuvimos aquí casi veinte días, y esa es la cantidad de caballitos de tequila que prepararé para ti. Puedes beber todo o no terminarlo, pero mientras más bebas, más de estos consigues —dijo, abanicándose con un puñado de billetes de veinte dólares.



—Soy Millonario, Black. No necesito ese dinero —chillé. ¿20 días en Las Vegas y ya olvidaron quién es el Jefe del Jefe de su Jefe?



—¡GALLINA, GALLINA! —gritó Maddox imitando a una de esas aves. Santo Infierno, tendré que aceptar la apuesta.



Miré a Black, sospechosamente. — ¿Tendré veinte por cada caballito que beba?



—Así es, Grey. Y para burlarme de tu arrogancia, diré que voy a perder sesenta dólares al final de la noche.



—Reconsidéralo otra vez, Alienígena —dije, agarrando el primer vaso, dejándolo entre mis labios, echando mi cabeza hacia atrás para vaciar el caballito y luego limpiar mi boca con mi otra mano.



—¡Mierda! —exclamó Maddox. El Cabrón está sorprendido.



—Esto será realmente un desperdicio, Black —dije, limpiando las esquinas de mi boca.



La sonrisa de arrogancia en el rostro de Daemon se desvaneció, negó con su cabeza y se encogió de hombros. —Acaba con esto, entonces. Tengo la billetera llena con billetes de quienes dicen que no puedes terminar diez caballitos.



Entrecerré mis ojos. —Doble o nada, yo digo que puedo beber quince.



— ¡Wau! —gritó Peeta—. ¡No podemos hospitalizarlo un día antes de irnos de este lugar, Sr. Grey! —El pastelito con relleno cremosito está indignado, al menos uno de ellos si se preocupa por mí.



—Él puede hacerlo —dijo Cipriano, mirando a Black y después a Peeta.



—¿Cuarenta dólares por cada trago? —dijo Black, pareciendo inseguro.



—¿Tienes miedo? —pregunté.



— ¡Diablos, no! Te daré veinte por trago, y cuando llegues a quince, duplicaré el total.



—Hora de celebrar —dije, tomando otro vaso.



Una hora y tres caballitos más tarde, estaba en medio de la pista bailando “El Pollito Pío” con Maddox. La canción era pegajosa, y Maddox cantaba la canción para mí mientras bailábamos: En la radio hay una gallina… En la radio hay una gallina… La gallina coo y el pollito pio… el pollito pio, el pollito pio, el pollito pio, el pollito pio.” Él se inclinó hacia mí al final del primer coro, y me siguió molestando con eso de ser una jodida gallina, suspiré intentando contener el enojo.



—Búrlate si quieres, pero te aseguro que terminaré con todos esos tragos —reí.



—Eso tengo que verlo, Grey.



Negué con la cabeza y continúe bailando: “En la radio hay un pavo, En la radio hay un pavo… el pavo glugluglu, el gallo corococo, la gallina coo, y el pollito pio, el pollito pio, el pollito pio, el pollito pio.” Cuando la música cambió a un ritmo más rápido, el teléfono sonó. —¡Ana! —dije, corriendo a contestar—. ¡Llamaste! —grité en cuanto acerqué a mi boca el auricular.



—Lamento llamar tarde, 50 —dijo—. Te extraño.



—Yo también —dije, viendo a Maddox observando por el rabillo de mi ojo. Él había improvisado otro Karaoke —¿Llevas contigo el llavero que te regalé?



—Dije que lo haría. Me gustaría que estuvieras aquí… y bailar.



La imaginé sonreír. —A mí también me gustaría estar ahí.



—Oh, bueno, ¿Quieres ser testigo de mi bebida número cinco de Tequila? —Sonreí, y le platiqué lo de la apuesta—. Tendré el doble si al final de la noche tomó quince.



—Eso es un poco peligroso, ¿no?



Me acerqué más al auricular como si pretendiera decirle un secreto. —Voy a acabar con ellos.



—Oh —dijo, e imaginé a su Diosa interna frunciendo el ceño con desaprobación—. Con cuidado, 50.



Me encogí de hombros. —Estaré bien, Nena.



Anastasia no se escuchaba impresionada, aunque sí muy preocupada. —No puedo hablar contigo durante mucho tiempo, tengo que bañar a Blip.



Caminé hacia el mostrador, tomé otro vaso y lo bebí, lo dejé caer fuertemente en el mostrador como lo hice anteriormente con el cinco. Black me dio otro billete, y baile tontamente por la Suite. Maddox me empujó por la pista de baile y Lightwood gritó: —¡CON LOS TERRORISTAS! —coloqué el teléfono un momento en el piso y los tres bailamos el Harlem Shake.



Eaton me dio un golpe en el trasero.



—¡Uno! —Agregó Cipriano dándome un segundo manotazo en el trasero, y luego todo el mundo en la fiesta se unió, yo esperaba que Ana aún no hubiera escuchado eso.



En el número veinte, Maddox frotó sus manos. —Mi turno.



Froté mi trasero adolorido. — ¡Se amable! ¡Me duele el trasero! —Con una sonrisa malvada, él tomó impulso. Cerré mis ojos con fuerza. Después de unos momentos, los entre abrí de nuevo. Justo antes de que su mano hiciera contacto y me diera un menudo golpe que incluso superó a Elena como mi Dominante en la época que fui su Sumiso.



—¡Veinte! —exclamó el hijo de puta.



Los invitados aplaudieron, y Peeta salió de la cocina llevando un pastel en sus manos. No era mi cumpleaños, pero la fiesta era en mi honor. Puse los ojos en blanco cuando hicieron una porra y en la parte de gritar mi nombre la habitación entera estalló llamándome: “Sumiso”. Maddox, por el contrarío, se partía de la risa.



Otra lenta canción provino del equipo de música, y cogí el teléfono para continuar hablando con Ana.



—Lo siento —dije para disculparme por hacerla esperar.



Apoyé mi espalda contra una pared. —¿Saludas a Blip por mi?



—Lo haré. —dijo con su dulce voz.



—¿Todo bien?



—Creo que es descortés de tu parte estar hablando conmigo cuando tienes invitados ahí.



La imaginé hacer un puchero. —Tienes razón. Sólo quería hablar contigo antes de que terminara la noche.



—Muy pronto estarás acá y podremos hablar el tiempo que quieras.



—¿Ya te vas?



Ella suspiró. —Ya te dije que tengo que bañar a Blip.



Apreté mis labios. —Bien. ¿Me llamarás por la mañana? —le pregunté tiernamente. Maddox estaba cerca, y estoy seguro que me escuchó decirle eso Ana porque hizo un gesto como si pretendiera vomitar.



—Prometido. —dijo ella y la imaginé poner los ojos en blanco.



—No ponga los ojos en blanco, Señora Grey. No olvide que sé cuando lo hace.





Ella rió y me envió un beso antes de colgar. Noté que Lightwood, Cipriano y Maddox estaban mirándome fijamente.



—¡Mamá ya colgó! —celebró esa Rata de dos patas cuando alejé de mi odio el auricular del teléfono—. ¡Hora de que la fiesta comience!



Todo el mundo aplaudió, y Maddox tiró de mí al centro de la pista.



—Un momento… iré por otro trago —dije, obligándonos a caminar hacia el mostrador.

Bajé de golpe el vaso cuando terminé otro trago, y reí cuando Peeta tomó uno de los del final, haciendo muecas al bajar el caballito. Agarré otro, y tragué mientras Maddox regañaba a Mellarksito por beber.



—Pensé que era 7 Up. —se excusó él, ¿7 Up? Cosita inocente. 



—Yo me encargo. —dijo Eaton a Maddox y se llevó a Peeta con él.



—Siete más, Grey —dijo Daemon, y me entregó dos billetes de veinte dólares más.



Limpié mi boca mientras Maddox me empujaba a la pista de baile otra vez. Esta vez bailé el Oppa Gangnam Style. Y después me subí a una mesa, me saqué el cinturón y canté esa canción del “Chombo” que dice: Y si ella se porta mal, dale con el látigo.” recordando mi mejor época como amo y Dominante.  






Imagino que debí verme muy ridículo porque me obligaron a bajar de la mesa.



Todos nos reíamos por todo, agitando nuestros brazos en torno al ritmo de cada canción. Me tambaleé, casi cayendo sobre un sofá, pero las manos de Maddox estaban instantáneamente en mi espalda para terminarme de empujar. Pendejo, seguro fue su venganza por lo que le hice estando él bajo los efectos de la Ciruela de Hada.



—¡No has probado tu punto! —dijo—. Aún te faltan varios caballitos por beber y no te veo cerca de ellos, Grey.



—Al diablo contigo —dije arrastrando las palabras—. Tengo seiscientos dólares que me esperan en esos tragos, y tú de todas las personas no vas a decirme que no soy capaz de hacerlo.



—Entonces mueve ese trasero, Grey.



—Ya lo estoy moviendo —me burlé.



—No lo vas a conseguir —dijo con una expresión suave… desafiante.



Miré sus cálidos ojos marrones por un momento, sintiéndome perdido dentro de ellos. La habitación estaba congelada en el tiempo mientras nos miramos el uno al otro, tan cerca que podía sentir su respiración en mi piel. Me está retando. El hijo de puta me está retando al insinuar que no lo puedo hacer.



—¡Más tragos! —grité, tambaleándome hacia el mostrador.



—Te ves acabado, Grey. Creo que es hora de admitas que terminó tu noche —dijo Daemon.



—No soy una gallina —dije con autoridad—. Quiero ver mi dinero.



Black colocó un billete de veinte debajo de los últimos dos vasos, y luego les gritó a todos. —¡El Sumiso va a beber los últimos!, ¡Necesito quince!



Todos se quejaron y pusieron los ojos en blanco, les di unas cuantas nalgadas a los que pude mientras el resto buscaba sus billeteras para sacar billetes de veinte y colocarlos al lado del último trago. Maddox había vaciado los cinco tragos más al lado del número quince.



—Nunca hubiera creído que podría perder cincuenta dólares en una apuesta de quince tragos con Christian Grey —se quejó Eaton.



—Créelo, Eaton —dije, tomando un vaso con una mano.



Bajé el vaso y esperé que el vómito se elevara en mi garganta para salir.



—¿Sr. Grey? —preguntó Mellarksito, dando un paso en mi dirección. Se veía preocupado y a la vez un poco mareado. Conejito bebé. Ese único caballito que se empinó lo desubicó un poco. Aún así le agradezco ser el único que se preocupa por mí.



Levanté un dedo y Daemon sonrió. —Él va a perder —dijo.



—No, no lo hará —Patch negó con su cabeza—. Respira profundo, Grey.



Cerré mis ojos e inhalé, tragando lo último de mi bebida.



—¡Santo Dios, Grey! ¡Vas a morir envenenado de alcohol! —gritó el Rubio.



—Él lo tiene —le aseguró Cipriano. Me alegra que ese jodido Ángel caído crea en mí.



Levanté mi cabeza y permití que el tequila bajara por mi garganta.



Mis dientes y labios se habían entumecido desde el trago número ocho, y los efectos en ese trago había hecho que estuviera casi en el borde.

La fiesta entera estalló en silbidos y gritos mientras Daemon me daba un fajo de billetes.



—Gracias —dije con orgullo, metiendo el dinero en mi bolsillo.



—Estás increíblemente ebrio justo ahora —dijo Maddox en mi oreja mientras caminamos por la Suite.



Todos bailamos hasta la mañana, y el tequila corrió a través de mis venas hasta que me adentró en el olvido.

Cuando mis ojos finalmente pudieron despegarse para abrirse, vi que mi almohada consistía en unos jeans y piernas. Maddox estaba sentado con su espalda contra la bañera, su cabeza inclinada contra la fría pared. Él parecía tan incómodo como yo me sentía. 






Tiré la manta que tenía sobre mí y me levanté, jadeando ante mi horroroso reflejo en el espejo sobre el lavabo. Parecía como muerto, aunque un muerto muy gay, ¿Pasé la noche sobre las piernas de Travis Maddox? Me cago en Jack Hyde.



Me observé detenidamente: Restos de pastel cerca de mi boca, lágrimas secas deslizándose por mis mejillas y mi cabello de recién follado. Mierda. ¿A quién me follé? Miré hacia la bañera, ¿Maddox?, Me re cago en Jack Hyde una vez más.



No, no puede ser. Intenta recordar, Grey, me reprendí a mí mismo y observé detenidamente a Mad Dog. Sábanas, toallas y mantas lo rodeaban. Él había formado una suave cama para dormirme mientras yo expulsaba el de tequila que había consumido la noche anterior. Maddox me había agarrado del cabello, y después sostenido mi cabeza cerca del retrete para que no ensuciara el piso.  Después se sentó a mi lado toda la noche.



Abrí el grifo, colocando mi mano debajo del agua hasta obtener la temperatura que yo quería.



Limpié el desorden de mi cara, escuché un gemido desde el suelo. Maddox se removía, frotó sus ojos y se estiró, y luego miró a su lado, entrando en pánico.



—Estoy aquí —dije—. ¿Por qué no te vas a la cama? ¿Quieres dormir un poco más?



Sentí arder mis mejillas por la vergüenza de estar ahí a solas con él.



—¿Estás bien, Grey? —dijo él, frotando sus ojos una vez más.



—Sí, estoy bien. Bueno, tan bien como se podría estar. Me sentiré mejor una vez que me dé un baño.



Él se levantó. —Superaste mis fiestas locas anoche, para que lo sepas. No sé de dónde vino esto, pero no quiero que lo hagas otra vez.



—¿Estás preocupado por mi? —me reí. No puede ser.



Él tomó mi barbilla entre sus manos y limpió una mancha de pastel debajo de mis ojos con sus pulgares. Mierda. ¿Follamos y ahora cree que somos pareja?, ¿o por qué hizo eso? —Si te perdemos quién va a cancelar la enorme cuenta del hotel, Grey. Además, tú me salvaste la otra noche. Yo simplemente no podía irme de Las Vegas sin estar a mano contigo. —me dijo con una sonrisa socarrona. Debí imaginarlo. 



—Bien, no voy a hacerlo otra vez. ¿Feliz?



—Sí. Sin embargo, tengo algo que decirte, si prometes no asustarte.



—Oh, Dios, ¿Qué hice?



—Anoche… me pediste sexo.



—¿QUÉEE? —grité. No. No. No. Imposible.



—¡Tu cara, Grey! Dios, debí tomarte una foto. —se río el infeliz. Era broma. Hijo de puta.



Maddox estaba de pie en la puerta de su Suite, sonriendo mientras yo me dirigía a la mia.



—Gracias por quedarte conmigo anoche —dije, tras reconsiderar su gesto—. No tenías por que dormir en el suelo del baño.



—Anoche fue una de las mejores noches de mi vida. Nunca me había reído tanto.



Me froté los ojos para ver mejor su expresión. Cuando vi que él hablaba en serio, le disparé una mirada dudosa. — ¿Dormir entre un retrete y la bañera y en el frío y duro piso con un idiota vomitando fue una de tus mejores noches? Eso es triste, Maddox.



—No, sentado contigo cuando estabas enfermo, y tú durmiendo en mi regazo fue una de mis mejores noches. No fue cómodo, no dormí casi nada, pero estuve con tu “yo borracho”, Grey. Quiero decir, realmente eres gracioso cuando estás bajo los efectos del alcohol.



—Estoy seguro que entre eructando y vomitando fui muy encantador.



Él se acercó a mí, y riendo el infeliz. —Eres el único hombre que conozco que me hace reír con la cabeza dentro del inodoro.  Y eso es mucho decir.



Intenté recordar una vez más la noche anterior. Triple Mierda. Me mojó la cara con agua del retrete, estoy seguro. Respiré hondo. Hijo de Elena Robinson.



—Supongo que estamos a mano por lo del ascensor. No haré que seas mi niñera otra vez.



Se apoyó contra la pared. —Como sea. Nadie puede empinarte en el retrete como yo. —río otra vez—. Anda, Grey, ve a darte un baño. Yo iré por el autobús mágico. Llegó la hora de regresar a casa.


Reí, ¿qué más podía hacer? y me fui a mi Suite.

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