Importante

NO voy a enviar más libros a correos electrónicos, así que, por favor, dejad de pedirlos. Podéis encontrarlos todos en la biblioteca.
Gracias

"Sage", ella dijo suavemente. "No existe la normalidad. No existe una definición de lo normal. Lo normal es subjetivo. Tú no puedes –y no deberías– obligarte a ti mismo a querer algo normal y a dejar de querer lo que realmente deseas. Es una forma segura de hacer tu vida miserable".

Chico Heterosexual de Alessandra Hazard

martes, 20 de agosto de 2013

Verano de risa Chat: Los más papasitos de la literatura Moderna "Las Vegas"

Antes de poner con el chat, os aconsejo que leaís el capítulo 4 y 5 de Cincuantes sombras de Grey, para tener fresco en la memoria que pasa con Ana.


Capítulos de 50 Sombras de Grey, adaptados al punto de vista de Travis Maddox:

El bar es ruidoso y agitado, lleno de imbéciles dispuestos a emborracharse. Me levanto de la mesa. Woah. La cabeza me da vueltas. Tengo que sostenerme del respaldo de la silla. Los cocteles a base de tequila no son una buena idea. Aunque, estoy casi seguro que esas bebidas que nos dio Lightwood tenían algo extraño. No confío en ese Rubio. Sobre todo porque no se quedó en el bar. ¿A dónde iría? Grey tampoco está aquí. Después de que terminó el Karaoke se fue al hotel.

Me dirijo hacia la barra y decido que debería visitar el tocador mientras puedo 
mantenerme sobre mis propios pies. Bien pensado, Maddox. Me tambaleo a través de la multitud. Por supuesto, hay una fila, pero al menos está tranquilo y fresco en el pasillo. Tomo mi teléfono celular para aliviar el aburrimiento de la fila de espera. Hmm… ¿A quién llamé la última vez? ¿A Pigeon? Antes de ese hay un número que no reconozco. Ah, sí. Grey, creo que este es su número. Me río tontamente. No tengo idea de qué hora es, tal vez lo despierte. Quizá pueda decirme por qué no quiso venir al bar. Él es tan críptico. Contengo una sonrisa de borracho y presiono el botón de re llamada. Responde al segundo timbre.

—¿Maddox? —Está sorprendido de escucharme. Bueno, francamente, estoy 

sorprendido de llamarlo. Entonces, mi confundido cerebro registra… ¿Cómo sabe que soy yo?
—¿Por qué no quisiste venir al bar con nosotros, Grey? —digo, formando mal las palabras.
—¿Maddox, estás bien? Tu voz suena extraña. —Su voz está llena de preocupación.
—Yo no soy la extraño, tú lo eres —lo acuso. Ahí, eso se lo dice, mi valor alimentado por el alcohol.
—Maddox, ¿has estado bebiendo?
—¿Qué te importa?
—Estoy… curioso. ¿Dónde estás?
—En un bar.
—¿Cuál Bar? —Suena exasperado.
—Un bar en Las Vegas —Es obvio. Este tipo es un imbécil.
—¿Cómo regresarás al hotel?
—Encontraré una manera. —Esta conversación no está saliendo como esperaba.
—¿En qué bar estás?
—¿Por qué no quisiste venir, Grey?
—Travis, ¿dónde estás? Dímelo ahora. —Su tono es tan, pero tan dictatorial… 
como siempre controlador. Me lo imagino como un director de películas antiguas, 
usando pantalones de montar, sosteniendo un megáfono y una fusta. La imagen me hace reír a carcajadas.
—Sigues intentando ser el dominante… —Suelto una risita tonta.
—Maddox, ayúdame con esto, ¿en dónde diablos estás?

Christian Grey está maldiciendo frente a mí. Me río de nuevo. Un momento, Grey siempre maldice frente a mí.


—Estoy en Las Vegas…

—¿En qué parte de Las Vegas?
—Adiós, Grey.
—¡Maddox!

Cuelgo. ¡Já! Aunque no me dijo nada de por qué no quiso venir. Frunzo el ceño. Misión no cumplida. Estoy realmente borracho, mi cabeza nada incómoda mientras me arrastro en la fila. Bueno, el objetivo del ejercicio era emborracharse. Lo he logrado. Esto es algo como: una experiencia que probablemente no debe ser repetida. Aunque siempre digo eso. La fila se ha movido y ahora es mi turno.

Me quedo mirando fijamente el cartel en la parte posterior de la puerta del baño que exalta las virtudes del sexo seguro. Me cago en Parker, ¿acabo de llamar 
a Christian Grey? Mierda. Mi teléfono suena y me hace saltar. Grito por la sorpresa.

—Hola —gimo tímidamente al teléfono. No había contado con esto.

—Iré a recogerte —dice y cuelga. Sólo Christian Grey puede sonar tan tranquilo y 
amenazante al mismo tiempo.

Santa mierda. Subo mis pantalones. Mi corazón late con fuerza. ¿Vendrá a buscarme? Ay no, me voy a enfermar… no… estoy bien. Espera. Simplemente está jugando con mi cabeza. No le dije en dónde estaba. No puede encontrarme aquí. Además, le tomará horas llegar aquí desde el hotel. El tráfico es caótico. Y ya nos habremos ido para entonces. Me lavo las manos y compruebo mi rostro en el espejo. Me veo ruborizado y ligeramente desenfocado. Hmm… Ciruela de Hada. Ese Rubio nos jodió una vez más. Estoy casi seguro. 

Espero en la barra por lo que se siente como una eternidad por la jarra de cerveza y finalmente vuelvo a la mesa.


—Te fuiste por mucho tiempo —me regaña Eaton—. ¿Dónde estabas?

—En la fila para ir al baño.

Patch y Daemon están teniendo un acalorado debate acerca de si realmente fue Ciruela de Hada lo que el Rubio nos dio. Patch hace una pausa en su sermón para servirnos cerveza a todos y tomo un largo trago.


—Eaton, creo que será mejor que salga y tome un poco de aire fresco.

—¿Seguro? Hay muchos travestis en éste lugar. Creo que Lightwood nos trajo a un bar Gay.
—Rubio de mierda. Por eso no se quedó. Me las pagará. Lo juro.

Me abro paso a través de la multitud de nuevo. Estoy comenzando a sentir náuseas, mi cabeza está girando y no tengo mucho equilibrio. Menos equilibro de lo normal y tomar el aire fresco en el estacionamiento hace que me cuenta de cuan borracho estoy.


Mi visión se ha visto afectada y realmente estoy viendo doble todas las cosas, al igual que en las viejas repeticiones de los dibujos animados de Tom y Jerry. Creo que voy a vomitar. ¿Por qué me permití llegar a esto?, ¿Otra vez Ciruela de Hada? Mierda, ¿en dónde terminaré esta vez?


—¿Travis Maddox, cierto? He escuchado hablar de ti. —Uno de los Travestis se ha acercado—. ¿Estás bien?

—Creo que simplemente he bebido un poquito demás. —Le sonrío débilmente. No quiero parecer asustado.
—Yo también —murmura, sus oscuros ojos mirándome intensamente. Viste un traje de lentejuelas. Me recuerda a Lady Gaga—. ¿Necesitas ayuda? —pregunta y da un paso hacia mí, poniendo sus brazos a mi alrededor. Mierda. Yo no soy Gay.
—No sé quién eres pero… estoy bien.—Intento empujarlo para alejarlo pero es un débil intento. Estoy mareado y no tengo fuerzas.
—Mad Dog, por favor —susurra, y ahora me sostiene en sus brazos, acercándome más a él. Oh, no.
—¿Qué estás haciendo?
—Me gustas, Mad Dog —Una de sus manos está en la parte baja de mi 
espalda apretándome contra él, la otra sobre mi mentón tirando de mi cabeza hacia atrás. Demonios… este hijo de Parker va a besarme.
—No, detente, no. —Lo empujo, pero es una pared de músculo duro y no lo 
puedo mover. Su mano se ha deslizado hacia mi escaso cabello y deja quieta mi cabeza.
—Maddox, cariño —susurra contra mis labios. Su aliento es peor que el de Patch cuando come tacos, o el de Daemon cuando eructa después tragar. Con brusquedad, traza un sendero de asquerosos besos a lo largo de mi mandíbula hasta la comisura de mis labios. Me siento borracho, fuera de control y con pánico. La sensación es sofocante.
—Hijo de puta, no —suplico. No quiero esto. Creo que voy a vomitar.
—¿Y si mejor te lo llevas a un hotel? —dice tranquilamente una voz en la oscuridad. 

¡Santa Mierda! Christian Grey, está aquí. ¿Cómo? El travesti me libera.


—¿Christian Grey? —pregunta con sequedad. Miro ansiosamente a Grey. Él está mirando al Travesti con el ceño fruncido. Pensé que esto le parecía divertido, pero no, él está furioso. Mierda. Mi estomago da un tirón y me inclino hacia adelante, mi cuerpo ya no es capaz de tolerar el alcohol y vomito de forma espectacular sobre el suelo.

—Ugh, ¡Dios mío, Mad Dog! —El Travesti vestido de Lady Gaga salta hacia atrás, asqueado. Grey me empuja a un jardín ubicado en el borde del estacionamiento. Noto, con profunda gratitud, que está relativamente oscuro.
—Si vas a vomitar otra vez, hazlo aquí. —Uno de sus brazos está alrededor de mis hombros, con el otro creo que intenta ahogarme en mi propio vomito el hijo de puta. Trato de alejarlo pero vomito de nuevo… y otra vez. Ésta vez cayó un poco de vómito en sus zapatos y definitivamente no está contento. Oh, mierda, ¿cuánto tiempo iba a durar esto? Aun cuando mi estómago está vacío y ya nada viene, horribles arcadas sacuden mi cuerpo. Prometo en silencio que jamás volveré a beber. Esto es simplemente demasiado horrible como para poder expresarlo en palabras. Finalmente, se detiene.

Mis manos descansan en la pared de ladrillo que bordea el pequeño jardín, apenas sosteniéndome, vomitar tanto es agotador. Grey retira sus manos y se dispone a limpiarlas con un pañuelo. Sólo él tendría un pañuelo de lino recién lavado con las iníciales CTG grabadas en él. Se lo arrebato en un descuido y me limpio la boca. Me pregunto qué significa la “T” ¿Tarado? No me atrevo a mirarlo. Estoy abrumado por la vergüenza, disgustado conmigo mismo. Quiero que las azaleas del jardín me traguen y estar en cualquier parte menos aquí.


El Travesti continúa rondando la entrada del bar, vigilándonos. ¿Me dejará en paz si le presento a Grey? No es mala idea. Gimo y pongo mi cabeza entre mis manos. Este tiene que ser simplemente uno de los peores momentos de mi vida. Mi cabeza sigue a la deriva mientras trato de recordar uno peor —sólo consigo recordar cuando me abandonó Pigeon— y esto es mucho, mucho más terrible en términos de humillación. Me arriesgo a darle un vistazo a Grey. Me está mirando fijamente, su rostro íntegro, sin dejar traslucir nada. Me doy la vuelta y miro al Travesti quien luce muy avergonzado y, al igual que yo, intimidado por Grey. Lo fulmino con la mirada. 


Tengo unas cuantas cosas que decirle a ese clon de Lady Gaga.


—Eh... nos vemos luego —murmura, pero ambos lo ignoramos y él se escabulle dentro del edificio. Estoy solo con Grey. Doble mierda. ¿Qué debería decirle? Disculparme por la llamada telefónica. Nah, si le he hecho cosas peores. Sin embargo, él acaba de ayudarme.

—Lo siento —murmuro, mirando el pañuelo que estoy apretando furiosamente con los dedos. Es tan suave. 
—¿Qué es lo que lamentas, Maddox?
Ah mierda, está exigiendo una explicación.
—La llamada telefónica principalmente, sentirme mal. Ah, la lista es interminable. Aunque es tu culpa por ser tan fácil de trollear  —murmuro.
—Todos hemos estado ahí, quizás no tan dramáticamente como tú —dice secamente—. Se trata de conocer tus propios límites, Maddox. Quiero decir, estoy a favor de presionar hasta el límite, pero, de verdad, esto es demasiado. ¿Este tipo de comportamiento es un hábito en ti?

La cabeza me zumba por el exceso de alcohol y la irritación ¿Qué demonios tiene que ver esto con él? No lo invité aquí. Suena como un hombre de mediana edad 

regañándome como si fuera un niño descarriado. Y yo soy un tipo bastante tranquila, casi ni me meto en problemas “Maddox el tímido” me dicen. Una parte de mí quiere decirle que si quiero emborracharme cada noche como lo hice hoy, entonces es mi decisión y no tenía nada que ver con él, pero no soy lo suficientemente valiente. No ahora que he vomitado frente a él. ¿Por qué sigue aquí? 

—No. Digo… Si —digo compungido—. He estado borracho antes y ahora mismo tengo deseos de volver a estarlo.


Simplemente no entiendo por qué está aquí. Comienzo a sentirme mareado. Él se da cuenta y se hace a un lado para que termine de caerme sobre mi propio vomito. Hijo de puta, un día de estos me las paga.


—Vamos, te llevaré al Hotel —murmura.

—Tengo que decirle a Daemon, Patch, Tobías. Y tengo que buscar a Mellarksito. No sé dónde está.
—Taylor puede decirles.
—¿Qué?
—Mi guardaespaldas, Taylor, está hablando con ellos.
—¿De veras? —No lo entiendo.
—Él estaba conmigo cuando llamaste.
—¿En Las Vegas? —Estoy confundido.
—Claro que sí, idiota. ¿Dónde más?, ¿Quieres que te lo explique con manzanitas? Rastreé tu teléfono celular, Maddox.

Oh, por supuesto que lo hizo. ¿Cómo es posible? ¿Es legal? Acosador, me susurra mi subconsciente a través de la nube de tequila que todavía flota en mi cerebro, pero de alguna manera, porque se trata de él, no me extraña.


—¿Tienes una chaqueta o algo que hayas traído contigo?

—Eh… Sí. Grey, por favor, tengo que buscar a Mellarksito. Se 
preocupará si no se ve. —Su boca se aprieta en una línea dura y suspira pesadamente.
—Si tienes que hacerlo.

Me obliga a ponerme de pie y, empujándome, me conduce de nuevo dentro del bar. Me siento débil, todavía borracho, avergonzado, exhausto, mortificado y en algún extraño nivel, extremadamente emocionado. Él está empujándome, ¿qué se cree?, ¿mi mamá? Todo esto es un despliegue tan confuso de emociones. Necesitaré de al menos una semana para procesarlas todas.


Aquí es ruidoso, está lleno de gente y la música ha comenzado, por lo que hay una gran multitud en la pista de baile. Patch y Daemon  no están en nuestra mesa y tampoco veo Tobías por ningún lado. Seguro Peeta se siente perdido y desamparado estando solo. Oh, mi rayito de luz.


—¿Dónde está Mellarksito? —le grito a Daemon por encima del ruido. Mi cabeza comienza a palpitar al ritmo del contrabajo.

—No lo he visto desde hace un par de horas —grita Daemon y puedo decir que está enfadado. Está mirando a Grey suspicazmente. Aún no sabemos por qué no nos quiso acompañar.

Me pongo mi chaqueta negra. Estoy listo para irme una vez haya visto a Peeta. Le preguntaré si nos quiere acompañar. No lo dejaré solo con estos estúpidos.


—Eaton está en la pista de baile. Le preguntaré si ha visto a Peeta —Toco el brazo de Grey, me inclino y le grito al oído, rozando su cabello con la nariz, oliendo su aroma a… mi propio vomito. Ay mi Dios. ¿Qué diablos comí? Y ahora Grey apesta a eso.


Él pone los ojos en blanco, me empuja de nuevo hasta la barra. Es servido inmediatamente. No hay espera para el señor Controlador Grey, ¿todo le tiene que llegar tan fácilmente? No puedo escuchar lo que ordena. Me entrega un vaso enorme de agua helada.


—Bebe —me ordena.


Las luces se mueven dando vueltas al compás de la música arrojando extraños colores y sombras al bar y a sus clientes. Él alterna entre verde Shrek, azul pitufo, blanco Gallo Claudio y un rojo demoniaco. Me observa con atención. Tomo un sorbo tentativo.


—Bébelo todo —grita para hacerse oír por sobre la música.


Es tan autoritario. Se pasa una mano a través de su cabello rebelde. Se ve frustrado, enojado. ¿Cuál es su problema? Aparte de que Travis Maddox lo llame en medio de la noche y él piense que debe rescatarlo. Y resulta ser que si debe salvarlo…y de un Travesti que parece hijo perdido de Madonna y Lady Gaga. Y luego le ve vomitando a sus pies. Ay, Maddox… ¿Superarás esto alguna vez? Mi subconsciente está chasqueando la lengua y mirándome fijamente por encima de sus anteojos de media luna, figurativamente hablando, claro. Me balanceo un poco y él no intenta estabilizarme. Hago lo que se me dice y me tomo el vaso entero. Me hace sentir mareado. Quitándome el vaso de las manos lo coloca en la barra. En medio del desenfoque, le doy un vistazo a lo que lleva puesto; una camisa blanca holgada de lino, pantalones ajustados, zapatillas converse negras y una chaqueta oscura a rayas. Su camisa está desabrochada en la parte superior y no veo una pizca de pelo. En mi actual estado mental, se ve tan idiota como siempre.


Me empuja una vez más. Santo cielo, me lleva a la pista de baile. Mierda. Yo no 
bailo. Puede sentir mi resistencia y bajo las luces de colores, puedo ver su ligeramente sardónica sonrisa divertida. Le da un tirón a mi mano y casi caigo. De esto también me vengaré. Comienza a moverse, llevándome con él. Caramba, sabe bailar. ¿Se habrá dado cuenta que estamos en un bar Gay? Ya me imagino su cara de imbécil cuando se dé cuenta. Me niego a seguir el ritmo. Con suerte es a él al único que se comerán a besos estos hijos de Tinkerbell.

Nos mueve a través de la multitud de bailarines hasta el otro lado de la pista de baile y llegamos a donde está Tobías. La música martillea con fuerza en mi cabeza. Se me corta la respiración. Tobías está haciendo sus movimientos. Baila 
moviendo su trasero. ¿Por qué le gusta tanto bailar el Oppa Gangnam Style? No cabe duda que la Ciruela de Hada aún tiene efecto en él. ¡Madre mía, Eaton! Me sonríe y me dice adiós con la mano. Ya ni le pregunté si sabe dónde está Peeta. Grey nos saca de la pista de baile.

Nunca llegué a hablar con Peeta. ¿Está bien? Dejarlo solo en Las Vegas es como dejar a un gatito bebé en medio de una autopista. Estoy preocupado. Mis pensamientos se estrellan contra mi cerebro, luchando con la difusa sensación de embriaguez. Hace tanto calor aquí, es demasiado ruidoso, colorido, demasiado brillante. Mi cabeza comienza a ir a la deriva, ay no…y puedo sentir el suelo viniendo al encuentro de mi rostro o al menos así se siente. Lo último que oigo antes de desmayarme en los brazos de Grey, es su discordante calificativo: 


—Mierda.

Está muy silencioso. La luz es muy débil. Me siento cómodo y cálido en esta cama. Hmm… Abro mis ojos y por un momento estoy tranquilo y sereno, disfrutando los extraños y desconocidos alrededores. No tengo idea de dónde estoy. La cabecera detrás de mí tiene la forma de un enorme sol. Es extrañamentefamiliar. La habitación es grande, espaciosa y lujosa, amueblada en tonos cafés, dorados y beiges. La he visto antes. ¿Dónde? Mi cerebro aturdido lucha a través de sus recientes memorias visuales. Mierda. Estoy en… una suite de nuestro hotel. He estado parado en una habitación parecida a esta, pero esta parece más grande.

Oh, mierda. Estoy en la suite de Christian Grey. ¿Cómo llegué aquí?

Recuerdos fragmentados de la noche anterior regresan lentamente a atormentarme. La bebida con Ciruela de Hada, ay no la bebida con Ciruela de Hada, la llamada telefónica, oh no la llamada telefónica, el vómito, oh no el vómito. Patch, Daemon, Tobías. El Rubio que nunca apareció, Peeta perdido en Dios sabrá dónde y luego Grey. Oh no. Me estremezco por dentro. No recuerdo venir aquí. Estoy usando mi camiseta y calzoncillos. Sin calcetines. Sin jeans. Mierda. Echo un vistazo a la mesa de noche. En ella hay un vaso con jugo de naranja y dos pastillas. Advil. Que controlador es, piensa en todo. Me siento y tomo las pastillas. En realidad no me siento tan mal, probablemente mucho mejor de lo que merezco. El jugo de naranja tiene un sabor divino. Apaga la sed y es refrescante. Nada es mejor que el jugo de naranja recién exprimido para revivir una boca seca.

Hay un golpe en la puerta. Mi corazón salta a mi boca y parece que no puede
encontrar mi voz. Él abre la puerta de todos modos y entra.

Me cago en Parker, ha estado haciendo ejercicio. Usa pantalones de chándal gris que cuelgan de sus caderas y una camiseta gris que esta oscurecida con sudor, al igual que su cabello. Me recuerda a “Gargamel”, el villano de los Pitufos. Aunque Gargamel si me cae bien. Tomo una respiración profunda y cierro los ojos. Me siento como un niño de dos años. Si cierro mis ojos, entonces no estoy aquí realmente.

—Buenos días, Maddox. ¿Cómo te sientes?

Oh, no.

—Mejor de lo que me merezco —murmuro.

Le doy un vistazo. Coloca una bolsa de compra grande en una silla y toma cada
extremo de la toalla que tiene alrededor de su cuello. Me mira, ojos gris oscuro y como siempre, no tengo idea de lo que está pensando. Esconde sus pensamientos y sentimientos tan bien.

—¿Cómo llegué aquí? —Mi voz es débil, con remordimientos.

Se acerca y se sienta en el borde de la cama. Está lo suficientemente cerca como para que lo pueda tocar, para que lo pueda oler. Oh... ahora es sudor y gel de ducha, menos mal se le quitó el olor a mi vómito...  y ahora puedo hablar desde la experiencia.
—Después que te desmayaste, te traje al hotel y cuando llegamos no pude encontrar el camino a tu Suite. Así que te traje aquí —dice pausadamente.
—¿Me pusiste en la cama?
—Sí. —Su rostro es imperturbable.
—¿Vomite de nuevo? —Mi voz es más silenciosa.
—No.
—¿Me desvestiste? —susurro.
—Sí. —Alza una ceja en mi dirección y me sonrojo furiosamente.
—Nosotros no... —le susurro, mi boca secándose con horror mortificado cuando no puedo completar mi pregunta. Miro mis manos. Mierda, ¿ME COGÍ A GREY? Maldita Ciruela de Hada.
—¡Cristo, Maddox! ¿Cómo…? ¡Mierda! Por supuesto que no —dice furioso aunque con un dejo de preocupación. Creo que ni él se acuerda.
—Lo siento.

Su boca se eleva ligeramente en una sonrisa irónica.

—Fue una noche muy divertida. Una que no olvidaré en un tiempo.

Yo tampoco; oh, el bastardo se ríe de mí. No le pedí que viniera a buscarme. De
alguna forma, me ha hecho sentir como el villano de la obra.

—No tenías por qué rastrearme con cualquier cosa de James Bond que estés
desarrollando para vender al mejor postor —digo bruscamente. Me mira fijamente, sorprendido y si no me equivoco, un poco herido.

—En primer lugar, la tecnología para rastrear teléfonos celulares está disponible a través de Internet. En segundo lugar, mi compañía no invierte o fabrica cualquier tipo de dispositivos de vigilancia y en tercer lugar, si no hubiera ido por ti, probablemente estarías despertando en la cama de un travesti, y por lo que puedo recordar, no estabas excesivamente entusiasmado sobre la forma en que te coqueteaba —dice agriamente.
Miro a Grey, me está mirando, sus ojos grises centelleantes, apenado. Fallo al reprimir la risa.
—¿De qué crónica medieval escapaste? —Me río—. Suenas como un distinguido
caballero.
Su humor cambia visiblemente. Sus ojos se suavizan y su expresión se hace cálida y veo un rastro de sonrisa en sus labios que me recuerdan al Guasón de Batman.
—Maddox, no lo creo. Caballero oscuro tal vez. —Su sonrisa es irónica y niega con la cabeza—. ¿Comiste anoche? —Su tono es acusador. Niego con la cabeza. ¿Qué gran transgresión he cometido ahora? Su mandíbula se aprieta, pero su rostro permanece imperturbable.
—Necesitas comer. Por eso estabas tan mal. Honestamente Maddox, es la regla
número uno al beber. —Pasa sus manos por su cabello y sé que es porque está
exasperado.
—¿Vas a continuar regañándome?
—¿Es eso lo que estoy haciendo?
—Creo que sí.
—Tienes suerte de que sólo te estoy regañando.
—¿Qué quieres decir?
—Bueno, si fueras Ana, no serías capaz de sentarte durante una semana después de la proeza que hiciste ayer. No comiste, te emborrachaste, te pusiste en riesgo. —Cierra sus ojos, intenta no reír pero también se estremece un poco. Cuando abre sus ojos, me mira—. No es gracioso lo que podría haberte pasado.

Frunzo el ceño en su dirección. ¿Cuál es su problema? ¿Qué soy de él? Si fuera Ana... bueno, no lo soy. Aunque tal vez, a una parte de mí le gustaría ser ella. El pensamiento penetra a través de la irritación que siento ante sus palabras arrogantes. Me sonrojo ante la rebeldía de mi subconsciente; él está haciendo su baile de felicidad en una brillante falda hawaiana de color rojo ante la idea de ser Ana. Wow, sería multimillonario. Un segundo. ¡Despierta, Maddox! Tú eres de Pigeon, no de Grey. Mierda, creo que aún hay Ciruela de Hada en mi organismo.

—Habría estado bien. Estaba con Tobías, Daemon y Patch.
—Y el travesti —me dice bruscamente.

Hmm... El travesti. Ese hijo de Parker. ¿Y era Parker?

—Eres bastante disciplinario —le digo entre dientes.
—Oh, Maddox, no tienes idea. —Sus ojos se entrecierran y luego sonríe con malicia.

Primero, estoy confundido y enojado, y después, estoy mirando su sonrisa. No sé qué diablos pasa con él. ¿Por qué está sonriendo en primer lugar?

—Voy a tomar una ducha. ¿A menos que prefieras ducharte primero? —Ladea la
cabeza hacia un lado, aun sonriendo. Los latidos de mi corazón se aceleran y mi bulbo raquídeo ha dejado de hacer sinapsis para que pueda respirar. ¿Qué mierda pasa con él?, ¿Le afectó ir a un bar Gay? Su sonrisa se ensancha, se acerca y dirige su pulgar hacia abajo por mi mejilla y a través de mi labio inferior… y ¡BAM! Me da una bofetada. ¿Y ahora qué mierda…?
—¡Estúpido! —grita y se levanta. Me mira directamente  a los ojos—. Eso fue por vomitar sobre mis zapatos, y mi camisa, y mis pantalones...
—Jódete, Grey. —Le respondo indignado. Me mira con el ceño fruncido. 
—Ah, el desayuno estará aquí en quince minutos. Debes estar muerto de hambre. —Se dirige al baño y cierra la puerta.

Dejo escapar el aire que había estado reteniendo. Pedazo de mierda, me consuela y después me golpea. Tiene suerte de que aún esté aturdido. Y como si no bastara el burlarse de mí, después me ofrece comida. ¿Qué abeja le picó?. Nunca me he sentido así por nadie. Mis hormonas están en una carrera. Mi piel hormiguea por donde pasó su pulgar sobre mi rostro y el labio inferior. Me siento retorcer con una necesidad, ansia... incomodidad. No entiendo esta reacción. Hmm... Deseo. Esto es deseo. Así es como se siente. Si… ¡Deseo patearle el culo a Grey! Eso es.

Me recuesto en las suaves almohadas llenas de plumas. “Si fueras Ana.” Oh mi… ¿qué haría si fuera Ana? A la mierda. ¡Reacciona, Maddox! Tú no eres Gay. Mi subconsciente me regaña. Éste tipo es el único que alguna vez ha agitado mi sangre de tanto enojo. Sin embargo, es tan antagónico también; es difícil, complicado y confuso. Un minuto me golpea, al siguiente me ofrece desayuno, y cómo olvidar que me rastreó como un acosador. Y aun así, pasé la noche en su habitación de hotel y me siento… a salvo.

Protegido. Le importo lo suficiente para ir y rescatarme de algún peligro percibido erróneamente. No es un hijo de puta en absoluto, aunque tampoco es tan bueno como Mellarksito. Grey es como Batman, aunque insisto que tiene la sonrisa del Guasón.

Salgo de su cama, buscando frenéticamente mis pantalones. Él emerge del baño, mojado y brillante por la ducha, todavía sin afeitar, con sólo una toalla alrededor de su cintura y ahí estoy yo… con las piernas desnudas y embobado. Está sorprendido de verme fuera de la cama.

—Si estás buscando tus pantalones, los envíe a la lavandería. —Su mirada es de obsidiana oscura—. Estaban salpicados de vomito.
—Oh. —Me pongo color escarlata. ¿Por qué en la tierra siempre me atrapa a la defensiva?
—Envíe a Taylor por otro par y unos zapatos. Están en la bolsa de la silla.

Ropa limpia. Que bonus tan inesperado.

—Um… tomaré una ducha —murmuro—. Gracias —¿Qué más puedo decir? Tomo la bolsa y entro disparado al baño, lejos de la proximidad de un Christian desnudo. Porque si me quedo me voy a reír. Un perro parado no tiene comparación con él. Eso es lo que parece, y si se lo digo me va a golpear otra vez.

El baño está lleno de vapor. Arranco mi ropa y rápidamente me meto a la ducha,
ansioso de estar bajo el chorro de agua. Cae en cascada sobre mí y alzo mi rostro hacia el bienvenido torrente. Deseo trolear más a Christian Grey. Lo deseo demasiado. Es simple. Por primera vez en mi vida, quiero joderle la vida un hombre.

Lo trollié en el Karaoke y apenas se defendió. ¿Soy repelente? Y sin embargo, aquí estoy, y me trajo él. Simplemente no sé a qué está jugando. ¿Qué está pensando? ¿Qué está tramando? Has dormido toda la noche en su cama. Mierda ¿y si te tocó, Maddox? Haz la suma. Mi subconsciente alza su parte fea y vil, lo ignoro. Grey no es Gay… o eso espero.

El agua es caliente y relajante. Hmm… podría quedarme bajo esta ducha, en este baño, por siempre. Alcanzo el jabón y huele a él. Es un olor nauseabundo. Pero ni modo, ya compartí jabón con Shepley. Lo froto por todo mi cuerpo fantaseando que lo trolleo en el baño, en el comedor, en un ascensor, en verano, en invierno…
Oh mi Dios. Mi corazón se acelera de nuevo, fantasear con eso se siente tan… tan bien.

—El desayuno está aquí. —Golpea la puerta, asustándome.

—Está bien —tartamudeo mientras soy arrancado de mis crueles fantasías.
Salgo de la ducha y tomo dos toallas. Pongo mi cabeza pelona en una y la envuelvo. A toda prisa, me seco, ignorando la sensación placentera de la toalla frotándose contra mi piel súper sensible.

Inspecciono la bolsa de los pantalones. Taylor no sólo me compró eso y nuevos Converses, sino que también una camisa azul pálida, calcetines y ropa interior. Oh mi Dios. Una camiseta limpia y calzoncillos… aunque en verdad, describirlas en una forma mundana y utilitaria no les hace justicia. Son de un diseño exquisito, de alguna marca europea cara. De tejidos azul pálido. Wow. Estoy asombrado y un poco intimidado… y además, me quedan perfectamente. Por supuesto que lo hacen. Me ruborizo al pensar en Taylor en alguna tienda comprando esto para mí. Me pregunto qué más hay en su descripción laboral.

Me visto rápidamente. El resto de la ropa se ajusta perfectamente. Bruscamente seco mi cabeza pelona con la toalla y tomo una profunda respiración. Tiempo de enfrentar al Sr. Confusión.

Estoy aliviado de encontrar la habitación vacía. Rápidamente busco mi billetera, pero no está aquí. Tomando una profunda respiración, entro en la sala de la Suite. Hay una opulenta área para sentarse, llena de sofás acolchados y suaves cojines, una elaborada mesa de café con un estante de libros brillantes, un área de estudio con una computadora Mac de última generación, una enorme pantalla plasma de TV en la pared y Grey está sentando en la mesa del comedor al otro lado de la habitación, leyendo un periódico. Me mira imperiosamente. Está usando una camisa de lino blanca, cuello y mangas sin abotonar. Y yo que preparé una broma por si le veía usando una corbata. Mierda. La guardaré para otro momento.

—Siéntate —ordena, señalando un puesto en la mesa. Camino por la habitación y me siento frente a él, como me indicó. Un momento ¿qué se cree para decirme lo que tengo que hacer? ¿Pigeon? La mesa está repleta de comida.
—No sabía que te gustaba, así que ordené una selección del menú del desayuno. —Me da una torcida sonrisa de disculpa.
—Eso es muy despilfarrador de tu parte —murmuro, perplejo por la elección, aunque estoy hambriento.
—Sí, lo es—suena culpable.

Opto por panqueques, jarabe de arce, huevos revueltos y tocino. Grey trata de ocultar una sonrisa mientras regresa a su omelette de huevos blandos. La comida es deliciosa.

—¿Té? —pregunta.
—¿No hay Whisky?

Niega con la cabeza notablemente enojado y me pasa una pequeña taza de agua caliente, y en el platillo hay una bolsa de té de Twining’s English Breakfast. Que se vaya a la mierda, yo no bebo té. Él me interrumpe antes de que se lo diga:

—¿Secaste tu cabello? —me reprende.
—Soy pelón, Grey. —murmuro. ¿Por qué me preguntó eso? Por si mirada pareciera que está teniendo Deja Vu[1].Su boca se tensa en una dura línea, pero no dice nada.

—Gracias por organizar lo de la ropa.
—Es un placer, Maddox. Ese color te favorece.

Me ruborizo y miro mis dedos.

—Sabes, en verdad debes aprender a recibir un cumplido. —Su tono es castigador.
—Y ni creas que te daré dinero por esta ropa. Suficiente hice dándote las gracias.

Me mira como si lo hubiera ofendido. Continúo:

—Oye, ¿y si me compras más? Y tampoco estaría nada mal una mejora a mi Harley —Le sonrío tentativamente.
—Vete a la mierda.
—Ese no es el punto. Además, ¿por qué haces todo esto?
—Porque puedo. —Sus ojos brillan con algo extraño.
—Sólo porque puedas no significa que debas —respondo en voz baja mientras me arquea una ceja, sus ojos brillando y de repente, siento como si estuviéramos hablando de otra cosa, pero no sé qué es. Lo que me recuerda…
—¿Por qué no quisiste venir al bar con nosotros, Grey? —Mi voz es suave. Baja sus cubiertos y me contempla, sus ojos grises brillando con una emoción incomprensible. Carajo… mi boca se seca.
—Tengo diarrea. —Hace una pausa y se encoge de hombros lentamente—. Eso me pasa por comer porquerías en la calle. —Me cago en Parker, ¿tenía que decir eso cuando recién pruebo mi flan?
—Que lo siento, Grey.
—Lamento mi falta de sutileza al decirlo. Maddox, pero no soy el tipo de hombre de flores y corazones, no me interesa tener amigos. Por esa razón tampoco fui con ustedes. Mis gustos son muy singulares. Deberías alejarte de mí. —Cierra sus ojos como si estuviera dándose por vencido—. Sin embargo, hay algo que me impide alejarme de ti: Tus chantajes, el hecho de Ana y Pigeon son amigas. Pero pienso que ya has descubierto eso.

Mi apetito se desvanece. ¡No puede alejarse! ¿A quién voy a molestar si él se va? Aunque ese Rubio de mierda ya debe varias.

—Entonces, no lo hagas —susurro.

Él jadea, sus ojos abiertos.

—No sabes lo que estás diciendo.
—Ilústrame, entonces.

Nos sentamos mirándonos el uno al otro, ninguno tocando la comida.

—¿Eres Gay? —respiro.

Sorpresa ilumina sus ojos grises.

—No, Maddox, no soy Gay. —Hace una pausa para que la información penetre y me ruborizo. El filtro cerebro-boca está roto de nuevo. No puedo creer que lo dije en voz alta—. ¿Cuáles son tus planes para los próximos días? —pregunta, su voz baja.
—Tengo la sensación de que perdí algo. ¿Qué hora es? —De repente, tengo pánico.
—Poco después de las diez. ¿Qué perdiste? —Tiene sus codos en la mesa y su barbilla descansando en sus largos dedos
—Eso intento recordar. —Intento hacer memoria y lo consigo—. ¡Peeta! Anoche no encontramos a Mellarksito.
—No creo que esté lejos de aquí —sus labios se tuercen en una medio sonrisa—. Quizá volvió al hotel. ¿Por qué estaban en ése lugar?, ¿A qué hora lo viste por última vez?

¿A dónde va con todas estas preguntas? La Inquisición de Grey es casi tan irritante como la de Mare, la mejor amiga de Pidge.

—Después de que dejamos el Karaoke, Lightwood nos llevó a ese lugar. Nos dio a beber algo y luego se marchó. Es lo último que recuerdo.
—Y de eso ya pasaron dos días. Por eso me preocupé cuando me llamaste. Esto no hubiera pasado si trabajaran para mi compañía.

JÁ, ni loco… ¿Trabajar para Grey? Por supuesto que no.

—Um… no.
—¿Qué tiene de malo mi compañía?
—¿Tu compañía o tú compañía? —sonrío con picardía.

Él sonríe.

—¿Me está sonriendo, Señor Maddox? —Inclina su cabeza hacia un lado y creo que se ve divertido, pero es difícil de decir. Me río y bajo la mirada a mi desayuno sin terminar.
—Me gustaría golpearte esa boca—susurra en un tono oscuro.

¿Qué? Oh Dios. Estoy completamente consciente de que estoy provocándolo siendo sarcástico cuando estoy con él. Mi boca cae abierta y trago al mismo tiempo. Esa tiene que ser la cosa más incitadora que me han dicho jamás. ¿Me está amenazando? Mi corazón se salta un latido y creo que estoy jadeando. Dios, soy un hermoso desastre tembloroso y aún no me ha golpeado. Me retuerzo en mi asiento y encuentro su mirada oscura.
—¿Por qué no lo haces? —lo reto en voz baja.
—Porque no voy a golpearte, Maddox… no hasta tener tu consentimiento escrito para hacerlo. —Sus labios se curvan en una sonrisa.

¿Qué?

—¿Qué significa eso?
—Exactamente lo que dije. —Suspira y sacude su cabeza, divertido pero exasperado también—.¿Qué harás esta tarde?
—Buscaré a Peeta. Los otros que se jodan. Es decir, se pueden cuidar solos. Mellarksito si me necesita.
—Bien, enfrentémonos otro día. La elección es tuya.
—¿Por qué no ahora? —Sueno petulante.
—Porque estoy disfrutando mi desayuno a pesar de tu compañía. Además, siendo sinceros, una vez que te humille al golpearte, probablemente no querrás volver a verme.

Me cago en Parker. Me gustaría resolver el enigma que es Christian Grey más temprano que tarde.

—El viernes. Enfrentémonos en Twitter.

Él levanta una ceja.

—Al igual que Eva, quieres comer pronto del árbol del conocimiento. —Sonríe.

—¿Me está sonriendo, señor Grey? —pregunto dulcemente. Idiota pomposo.

Entrecierra sus ojos y levanta su BlackBerry. Presiona un número.

—Taylor. Necesito que busques a Peeta. Si, el panadero. Si, el pedacito de Cielo. —Corta la llamada. Ningún por favor o gracias.
—¿La gente siempre hace lo que le dices?
—Usualmente, si quieren mantener sus empleos —dice, impasible.
—¿Y si no trabajan para ti?
—Oh, puedo ser muy persuasivo, Maddox. Deberías terminar tu desayuno. Iremos a buscar al Panadero.

Parpadeo en su dirección.

—¿Me ayudarás a buscar a Mellarksito?
—Sí.
—¿Por qué?

Él sonríe perversamente.

—Porque puedo. Ah, y por que de todos ustedes es el único que me cae bien.  Ahora termina tu desayuno.

¿Cómo puedo comer ahora? Mi pedacito de cielo está perdido. Y éste idiota quiere golpearme… me retuerzo ante el pensamiento.

—Come —dice más claramente—. Maddox, tengo un problema con la comida
desperdiciada… come.
—No puedo comer todo esto. —Dirijo mi mirada hasta lo que queda sobre la mesa.
—Come lo que está en tu plato.

¿Qué hará si no lo hago?, ¿Me ofrecerá  la comida como si jugáramos avioncito? Encuentro esa idea divertida.

—¿Qué es tan gracioso? —pregunta. Sacudo mi cabeza, sin atreverme a decirle y mantengo mis ojos en mi comida. Tragando mi último trozo de panqueque, lo miro.
Me está observando especulativamente.
—Buen chico —dice—. Encontraremos a Peeta.

Al terminar de comer dejo la mesa, preguntándome por un momento si debería pedir permiso pero desestimando la idea. Él no me manda. Me dirijo otra vez hacia su dormitorio. Un pensamiento me detiene.
—¿Dónde dormiste anoche? —Me giro para mirarlo, todavía sentado en la silla del comedor. No puedo ver mantas o sábanas aquí… tal vez las arregló de inmediato.
—En mi cama —dice simplemente, su mirada impasible otra vez.
—Oh.
—Sí, fue una tremenda novedad para mí también. —Sonríe.
—No tener… sexo. —Ahí… dije la palabra. Me sonrojo, por supuesto.
—No —niega con su cabeza y frunce el ceño como si estuviera recordando algo
incómodo—. Dormir en la misma cama contigo. Sobre todo porque te pedorreaste toda la noche —Toma su periódico y continúa leyendo.

Me quedo de pie mirándolo fijamente con incredulidad. Es la persona más desconcertante que jamás he conocido. Me doy cuenta que he dormido con Christian Grey y me pateo a mí mismo… menos mal no estaba consciente, porque de verlo tan vulnerable sin duda lo hubiera envuelto entre las sabanas para ahogarlo con mis pedos cual cámara de gas.

Tomando mi camiseta y calzoncillos de ayer, las pongo en la bolsa de la compra que Taylor trajo y me dirijo hacia el área de la sala en busca de mi billetera y mi chaqueta. Grey me está observando con expresión indescifrable mientras me rasco el trasero. ¿Cuál es su problema? Me pica. Siento sus ojos seguirme mientras me siento y espero a que él termine. Está en su BlackBerry hablando con alguien.

—Si, pintor, panadero, le gusta dormir con las ventanas abiertas, no le pone azúcar al té y siempre hace dos nudos a los cordones de sus zapatos. —Cuelga.
—¿Listo para irnos?

Asiento. No sabía que apreciara tanto a Peeta. ¿Quién no se encariñaría de Peeta? Cosita, me lo como. ¿Dónde estará? Grey se coloca una chaqueta azul marino a rayas y se dirige hacia la puerta.

—Yo voy primero, Maddox —murmura, abriendo la puerta y sale de la Suite antes que yo. Hijo de puta.

Me detengo, una fracción de segundo demasiado extensa, mirándole. Y pensar que dormí con él la noche anterior y después de todo el tequila y el vómito, todavía está aquí. ¿Por qué yo? No lo entiendo. Me dirijo hacia la puerta recordando sus palabras: “Quiero golpearte.” Bueno, el sentimiento es completamente mutuo.

Caminamos en silencio a lo largo del pasillo hacia el ascensor. Mientras esperamos, le doy un vistazo a través de mis pestañas y él me mira por el rabillo de su ojo. Sonrío y sus labios se contraen.


El ascensor llega y nos subimos. Estamos solos. Repentinamente, por algún motivo inexplicable, posiblemente nuestra cercanía en un espacio tan cerrado, la atmósfera entre nosotros cambia, cargándose con una eléctrica y estimulante anticipación. Mi respiración se altera mientras mi corazón se acelera. Su cabeza se gira hacia mí una fracción, sus ojos se oscurecen.

—Oh, a la mierda el papeleo —gruñe. Se abalanza sobre mí, empujándome contra la pared del ascensor. Antes de que lo sepa, tiene mis dos manos en una de las suyas en un férreo agarre por encima de mi cabeza y está golpeándome contra la pared. Santa Mierda. Levanta su puño y lo dirige justo a mi mandíbula. Oh, esto no se lo perdono… es obvio que lo está disfrutando como un plato de venganza que se come frío, Christian Grey, pedazo de mierda, deseaba golpearme y yo también le quiero regresar los golpes, justo aquí… ahora, en el ascensor.

—Eres. Tan. Imbécil —murmura, cada palabra una declaración.

El ascensor se detiene, la puerta se abre y se aleja de mí en un abrir y cerrar de ojos, dejándome ahí. Tres hombres en trajes de negocios nos miran y sonríen mientras suben a bordo. Mi ritmo cardíaco está por las nubes y me siento como si hubiera corrido una carrera cuesta arriba. Quiero inclinarme y apoyarme en mis rodillas… pero eso es demasiado obvio.

Lo miro. Se ve tan fresco y tranquilo, como si hubiera estado haciendo el crucigrama del Seattle Times. Qué injusto. Tiene suerte de que la Ciruela de Hada aún tiene efecto en mí. Estoy débil. De lo contrario en este momento ya no tendría dientes. Me mira por el rabillo de su ojo y toma suavemente una respiración profunda. Oh, sí. Él sabe que tengo la guardia baja… y mi pequeño dios interno se bambolea en una suave samba de la victoria.

Las puertas se abren en el primer piso, él me empuja hacia afuera.

—¿Qué es lo que tienen los ascensores? —murmura, más para él que para mí mientras camina a lo largo del vestíbulo.

—Botones, Grey, y números que te indican en qué piso estás. Eso tienen los ascensores —le respondo. Que pregunta tan estúpida . En fin, es hora de buscar a Mellarksito. 

Fuente: Los libros que quiero

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...